La Asociación de Viticultura Regenerativa presenta los nuevos sellos ORVA y ORVA+

Son un paso adelante en la definición de estándares “claros, medibles y alineados con los retos ambientales” que busca conseguir

La Asociación de Viticultura Regenerativa presenta los nuevos sellos ORVA y ORVA+

La Asociación de Viticultura Regenerativa (AVR) actualiza el esquema de certificación internacional en Viticultura Regenerativa con el fin de reforzar su rigor ambiental, clarificar su posicionamiento ante el creciente interés por la agricultura regenerativa y ofrecer al sector un sistema de certificación “más sólido, transparente y fácilmente comprensible para el mercado”.

El cambio más relevante es la apuesta explícita por la agricultura ecológica como requisito de partida: a partir de ahora, para poder iniciar el proceso de certificación en viticultura regenerativa será imprescindible que el viñedo esté certificado en agricultura ecológica. De este modo, la AVR deja claro que la viticultura regenerativa, en el marco de esta norma, se construye siempre sobre una base ecológica y no contempla el uso de productos de síntesis. “Queremos que los vinos que obtengan esta certificación nazcan de viñedos que no solo sean ecológicos, sino que además regeneren el entorno y fomenten su biodiversidad. Con estos cambios, reforzamos el rigor ambiental del sistema, aportamos claridad al sector y facilitamos que el mercado y el consumidor identifiquen con mayor confianza a los viticultores y bodegas que se comprometen de forma real con la regeneración”, señala Mireia Torres, presidenta de la AVR  

El nuevo estándar de certificación introduce, además, un esquema renovado de sellos que sustituye al anterior sistema y también incorpora dos niveles de certificación. Por un lado, ORVA (Organic Regenerative Viticulture Alliance), nivel estándar de viticultura regenerativa, orientado a explotaciones que cumplen los requisitos básicos de regeneración del suelo y del ecosistema.

Y, por otro, ORVA+, nivel avanzado, dirigido a explotaciones que implementan un número mayor de prácticas regenerativas y alcanzan un manejo más exigente.

Para diferenciar ambos niveles, la norma ajusta los criterios técnicos de forma precisa. En el caso de la cubierta vegetal en la zona de producción, el sello ORVA exige que ocupe como mínimo el 50% de la superficie, mientras que para ORVA+ este porcentaje se eleva al 75%. Asimismo, las fincas ORVA deberán aplicar al menos 3 prácticas regenerativas, y las fincas ORVA+ un mínimo de 5, consolidando así un enfoque más avanzado y alineado con los principios de la viticultura regenerativa. 

La revisión de la norma también refuerza la medición del impacto climático de los viñedos mediante la incorporación de análisis específicos del suelo orientados al cálculo de la fijación de carbono. Además, conscientes de la creciente presión climática sobre el viñedo, la actualización incorpora un anexo de excepcionalidad para nuevas plantaciones, que contempla condiciones específicas y posibles flexibilizaciones temporales —por ejemplo, en los porcentajes de cubierta vegetal durante los primeros años y en periodo vegetativo— cuando existan circunstancias climáticas adversas como sequías extremas, episodios de lluvias torrenciales u olas de calor.

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