Braga, la perla de Portugal

A mediados del pasado mes de julio tuvimos la fortuna de poder participar en un Fam-Trip que nos hizo saborear y descubrir Braga

Braga, la perla de Portugal

A mediados del pasado mes de julio tuvimos la fortuna de poder participar en un Fam-Trip que nos hizo saborear y descubrir Braga, la perla del norte de Portugal, en compañía de tres creadoras de contenido, inquietas, divertidas y valientes a la hora de caminar por las alturas de una tirolina. Pero vamos por parte.
El encuentro, de un par días, contó como guías y monitoras a dos incansables Paula y Lucía que nos hicieron disfrutar de varias experiencias lúdicas-gastronómicas organizadas por Innotur, la consultora internacional que promocionó esta escapada singular.
Y decimos singular porque en este itinerario experiencial no faltó nada: deporte, gastronomía, paseos por la ciudad y alrededores, visitas a bodegas y fábricas catando buenos vinos y cervezas; y hasta hacer pan con nuestras propias manos; una tarea por cierto que se nos dio bastante bien a todos los invitados.
Pero recordando con agarimo (término gallego de cariño) cada minuto y rincón de este viaje conviene iniciar este viaje por el principio para no perder-nos nada.


Así, bajo un clima agradable a pesar de ser pleno verano, Braga nos recibió propicia para un paseo en bicicleta por la zona períférica del centro, donde comprobamos la ebullición de esta ciudad de 200.000 habitantes, la cuarta más grande de Portugal detrás de Lisboa, Oporto y Coimbra.
Bike eléctrica en mano gracias a E-Velo y con los buenos profesionales de Quest Tours, comandando esta ruta de algo más de 10 km., nos encaminamos hacia el espectacular Santuario del Bom Jesús, Patrimonio de la Humanidad desde el año 2019 y situado en las laderas del cerro del Espinho, desde donde se domina toda la ciudad de Braga.
Punto de referencia turística imperdible si se visita este norte de Portugal el santuario forma parte también de un paisaje cultural que evoca la Jerusalén cristiana y reproduce una montaña sagrada coronada por una iglesia. Construido a lo largo de un período de más de 600 años, principalmente en estilo barroco, el santuario ilustra la tradición europea de los Sacri Monti (montañas sagradas), impulsada por la Iglesia Católica. El complejo del Bom Jesús se centra en un Vía Crucis que recorre el flanco occidental de la montaña y dispone de varias capillas que albergan esculturas evocadoras de la Pasión de Cristo, fuentes, esculturas alegóricas y jardines clásicos. El Vía Crucis conduce a la iglesia, construida entre 1784 y 1811; una peregrinación de 600 escalones que realizan a diario los miles de visitantes (alemanes, estadounidenses, franceses, irlandeses y, por supuesto, españoles) que se atreven por esta famosa escalera que conduce al altar principal, aunque también y para los manos sacrificados y en grupos de no más de una docena, se puede subir en un elevador, el más antiguo de Europa (del siglo XVII) y único que funciona a vapor. Toda una atracción este recorrido religioso-turístico por el Bom Jesus que además está enclavado en un pictórico paisaje de bosques que contribuye en gran medida al valor paisajístico del conjunto.
La siguiente parada fue en el molino de Sào Pedro d’Este, situado próximo al Bom Jesus, donde para abrir boca, todos contribuimos en la elaboración de distintos panes, empezando desde la propia molienda de los granos en la rueda de piedra, siguiendo las indicaciones del maestro panadero. Amasando una mezcla de harinas de trigo, maíz y centeno, obtuvimos varios arriñonados bollos que rellenamos de chorizo, otros de miel y canela y el resto de mantequilla y ajo. Cocerlos a alta temperatura (300 grados aproximadamente), durante media hora en hornos de piedra magníficamente conservados y ya tenemos estas exquisitas hogazas.


Durante la visita, donde una risueña y simpática actriz nos relataba teatralizando cada momento de esta experiencia, nos acompañó el alcalde de la Freguesía de San Pedro Este, César Fernández, con quien visitamos el Pazo Quinta do Souto que cuenta con seis hectáreas de bellos jardines históricos y botánicos y árboles singulares (jacarandás, rododendro y olivares, entre otros), construido en torno al año 1870. De aquí y sumado el propietario del restaurante O Gato do Río, catamos dos Vinhos Verdes de la bodega del propio Pazo; uno monovarietal y el otro un coupage de Loureiro y Albariño- Frescos, aromáticos y con un largo final de boca que hacen golosos estos vinos.
Después, todos dimos buena cuenta del excelente Bacalao a la portuguesa, Bolinhos, y Papas de Sarrabulho ofrecido por O Gato do Río; un clásico y delicioso almuerzo tradicional minhoto en un lugar donde entre sabores y aromas se respira parte de la historia del lugar y de sus gentes.


Luego de un descanso breve en el céntrico y confortable Porta Nova Collection House, llegó la hora de los más valientes, los que se atrevieron a caminar entre alambres y cuerdas en una experiencia única que atrapa y seduce a esos osados que dominan las alturas. Se trata de una actividad denominada arborismo panorámico, donde el equilibrio y la ausencia de pánico son las claves para celebrar el éxito de un recorrido a veces casi en puntas de pié que es la atracción principal de Picoto Park, un gran espacio al aire libre donde prácticamente se pueden hacer realidad todas las aventuras y juegos que alguna vez soñamos de niños y no tanto, como una escenografía perfectamente preparada para hacer “la guerra” en paintball.
Y para cerrar este primer día agitado de experiencias divertidas y singulares, nada mejor que visitar “Letra”, una fábrica familiar, sostenible, de elaboración de cervezas artesanales, donde se pueden catar hasta una veintena de elaboraciones diferentes, con distintas maltas y nlúpulos, desde las más clásicas, Pilsen, Ale, negras, rubias, reds, maceradas en barriles de whisky, belgas y hasta checas. Para todos los gustos y sabores hay en esta factoría que recomendamos visitar para introducirnos en el proceso de elaboración y el universo cervecero de la mano de su creador Felipe, quien las produce y quien, acertadamente, instaló una cervecería en la fachada de la fábrica donde probar las “beer” más originales.


Al día siguiente (último de este Fam Trip) y luego de un descanso reparador en el Collection Porta Nova que está situado a metros del histórico Arco de la Porta Nova, quisimos saber más de esta construcción interesante que fue abierto en la muralla en 1512 por iniciativa del arzobispo Diogo de Sousa. Su aspecto monumental actual (rococó y con detalles neoclásicos) data de 1772. Pero la curiosidad de la puerta es que esta zona ya se extendía fuera de las murallas y como no había guerras activas, se dejó sin puertas de madera físicas, lo que dio pie al dicho popular de que «los de Braga dejan siempre la puerta abierta». Un dicho absolutamente cierto si hablamos de la cordialidad de los habitantes de Braga, siempre predispuestos a facilitarnos el trabajo y con la naturalidad de sus sonrisas.
Y con esa amabilidad natural de los bracarenses arrancamos la jornada en dirección a la dulcería Cruz da Pedra, donde el maestro pastelero Manuel Almeida ofreció un showcooking sobre la elaboración del postre más tradicional, popular y goloso del norte de Portugal: el Pudín de Abad. Se trata de una receta antiquísima que Manuel (cuarta generación familiar de pasteleros) ha preservado y enriquecido con un toque personal que hace que este postre no quede en el escaparate de su confitería a las pocas horas de abrir el local. Medio kg de azúcar, cáscaras de limón, 15 yemas de huevos, tocino, canela y el infaltable vino Porto convierten a una masa que se cuece durante tres cuartos de hora a temperatura media en la exquisitez más dulce y apetecible. Y más aún si se degusta entre sorbitos de Aguardiente de Vinho Verde, la forma perfecta y tradicional que saborear esta delicia culinaria, de consumo muy típico en la Navidad portuguesa.
Conviene destacar que durante estas jornadas nos acompañaron y atendieron ante cualquier requerimiento una pareja de jóvenes guías turísticos que integran el equipo de turismo de la Cámara Municipal de Braga, quienes gentilmente nos condujeron a través de un paseo matutino por las calles, murallas, fuentes, iglesias, edificios y rincones más pintorescos y ocultos de una ciudad que convierte a una buena parte de sus calles y amplias avenidas en coloridas y magníficas exposiciones florales.


Pero como la perfección no existe, todo lo bueno también tiene un fin, y el de esta experiencia auténtica y recomendable finalizó con una visita a una de las bodegas de referencia de la comarca: Quinta Cova da Raposa, una bodega con viñedos de más de 70 años de las variedades Albariño y Vinho Verde pero que también cuenta con algunas parcelas de las variedades tintas Avesso y Viñao. Los vinos de esta bodega se elaboran a partir de cultivos en biodinámica, con viñedos de altura sobre suelos graníticos y con alta mineralidad, donde un clima muy ventoso y extremadamente cálido en verano castiga sin piedad las vides, lo que hace que anualmente la bodega sólo pueda producir entre vinos blancos y tintos en torno a las 16.000 botellas.


Un picnic reparador bajo la sombra de unos frondosos robles, maridando los vinos de la bodega con unos bocados culinarios, embutidos, tablas de quesos y frutas varias, pusieron el punto final a una experiencia cultural, enogastronómica y tan divertida como enriquecedora a una ciudad, Braga, que sin duda motiva a repetir la visita para disfrutarla en cualquier momento del año.

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